Publicado el Sábado 18 de Noviembre del 2006 @ 1:46 por Armonth.
Con todo el tema de los críos me acabo de enterar que esta semana “los medios” le dedican mucha tinta al asunto (sí, me acabo de enterar ahora, es lo que tiene no ver prensa/tv de forma asidua).
A varios reportajes que han hecho esta semana (especialmente uno en T5 ¿o era A3? sobre la violencia en aulas+palizas grabadas en moviles) ahora se le añade El Jueves:

Una de las mejores portadas que he visto últimamente, lo que dice el padre por si a alguno le cuesta:
¡Inútil como Marichalar, gritón como Jiménez Losantos, violento como Ernesto Neyra, irresponsable como Farruquito…!
¿¡Cómo se atreve a decir que mi hijo es un fracasado!?.
Aunque lo que se lee debajo de la portada en la web de El Jueves tampoco se queda atrás:
Antes, eran los profesores de “la vieja escuela” los que daban una colleja al al alumno si éste se despistaba en clase o tenía tendencia a ser algo revoltoso. Hoy es al contrario, como los profesores se despisten, son ellos los que reciben una hostia.
A este paso, pronto los profesores llevarán un escolta a clase.
El jueves: A nosotros en el cole nos daban dos.
Hay profes mu cabrones
“los que daban una colleja al al alumno”
Yo creo que tuve suerte en eso, estabamos en un instituto pequeño, eso ayuda, los profesores se mostraban razonablemente bien y los alumnos los respetabamos.
Ahora en mi instituto la situación ha cambiado, para peor lamentablemente.
Un adolescente entre 12 y 16 años es un desequilibrado lleno de granos de pus con las hormonas a flor de piel, que va de rabieta en rabieta, dispuesto a enfrentarse a quien sea por cualquier causa. La genética lo convierte en un terrorista en potencia que urde con saña las putadas más necias que uno se pueda imaginar. Todos hemos pasado por esa fase en nuestras vidas, y que nos den una hostia que duela más en el alma que en la cara nunca está de más para recordarnos que debemos regresar a la civilización.
Compadezco a los maestros de hoy en día que viven maniatados sin poder enfrentarse a ese terrorismo hormonal. Los compadezco porque me acuerdo del que me tuvo que aguantar a mi. Por suerte, aquel sí podía pegar un par de hostias, y de hecho me las dió.
Nunca le guardé rencor.