Publicado el Lunes 13 de Noviembre del 2006 @ 23:30 por Armonth.
En D’Oh publicaron hace casi un mes una entrada llamada La verdad del 11-M una interesante entrada que define de forma clara lo que yo también pienso: Que sea quien sea el que formo tal berenjenal, lo que no me acaba de gustar es la sensación de que más que la verdad se intenta decir “la verdad” es decir; la que ellos quieren reconocer.
En dicha entrada además ofrecen un enlace a El peón gris una bitácora que trata de…
Una crítica a las supuestas dudas de Los Peones Negros sobre las investigaciones del 11-M, o de cómo una duda puede convertirse en un complot mundial contra un Gobierno sin que el Gobierno se entere de nada.
Aunque todo dicho sea de paso, hoy en día la prensa adolece de algo malo y es que si no te has leído “los anteriores episodios” no te enteras nada del culebrón.
Hace tiempo que dije que el día fatídico, 11 de marzo de 2004, nuestro sistema constitucional democrático tenía 26 años de antigüedad, que había multitud de cadenas de televisión, medios de prensa y emisoras de radio. Que ese mismo día internet contaba con numerosas herramientas para recoger la realidad minuto a minuto. En resumen, el día 11 de marzo de 2004 España contaba con un sistema de información como nunca ha tenido, y como pocos países en el mundo han tenido.
Sin embargo, así con todo, hay algo que no funciona. Yo, como mucha gente, tiene la sensación de que hay algo que está por encima de la realidad que se muestra a la masa.
Hay algunos datos de las investigaciones que si tuviésemos algo de dignidad nos obligaría a disolver inmediatamente las cortes y a convocar de nuevo elecciones con la principal promesa unánime de todos los partidos políticos de investigar hasta donde haga falta quién fue el culpable del 11-M.
Resulta execrable la facilidad con la que los políticos (Zapatero y su trupe y, en mayor medida debido al mal perder, Rajoy y el circo de los conspiranoicos) se mean en los 192 muertos del 11 M. Tanto de un bando como de otro se han aprovechado/aprovechan del atentado para alzarse con el poder.
Deberían de cortarle el cuello a toda esa horda de personas que han podido ser tan irrespetuosos y tan hijos de puta.